Un hombre y una mujer aguantan juntos de compras un máximo de 70 minutos


Seguro que hayas ido o no a Ikea, has oído terribles historias de broncas, rupturas, amistades truncadas, divorcios exprés y niños perdidos en ese laberinto del minotauro que es la multinacional del mueble sueco. De hecho, muchos se niegan a traspasar las puertas de ese Edén del bricolaje obligatorio, guiados por el pánico que resulta de la ecuación “Hombre + mujer + Ikea = bronca”.

La incursión en este universo desde la experiencia personal no hace otra cosa que desentrañar las diferentes actitudes de hombres y mujeres respecto a las compras, ese microcosmos de la vida. Los gigantescos almacenes de Ikea hacen las veces de escenario del teatro vital. Así, “las diferencias en los procesos de compra se remontan a las habilidades que cada sexo ha ido desarrollando desde hace miles de años: las mujeres se dedicaban a recolectar y los hombres a cazar”, según un estudio de la Universidad británica de Essex, realizado tras analizar los hábitos de compra de más de 2.000 ingleses.

El dato que encabeza este artículo lo enarbola Alfredo Fraile, director de la consultora Interbrand. Reproducimos a continuación sus elocuentes palabras:

“El hombre ve este proceso [la compra] como una necesidad, una misión de caza que ha de acabar lo antes posible. Entrar, buscar, encontrar, pagar y salir. Los artículos de Ikea están expuestos de tal forma que se ven todos y hay muchísimos. A la mujer le gusta verlos, comparar precios, tomarse su tiempo en decidir. Al hombre no, se encuentra incómodo, tiene prisa por irse. Existen estudios que afirman que hombres y mujeres pueden comprar juntos durante sólo unos 70 minutos: más allá, las posibilidades de bronca aumentan inexorablemente según avanzan las manecillas del reloj”.

cajas

Según el estudio, en términos físicos la compra también se puede asemejar a un orgasmo, que se traduce en que los hombres experimentan en el acto de comprar una excitación más intensa, pero también más corta, a juzgar por los niveles de presión sanguínea. La excitación física resultante de una compra le dura a una mujer un promedio de 15 minutos más después del acto comercial. Así que, cuando el varón entra en crisis, a la mujer aún le quedan cuerda para seguir comprando.

Ahí reside el quid de la cuestión para las broncas en Ikea: la laberíntica disposición de estas tiendas de muebles actúan como una trampa para el comprador, que tiene que completar la gymkana a través de todo el catálogo para llegar a la caja, pero también para las parejas heterosexuales, quienes, incapaces de completar el circuito en menos de los 70 minutos preceptivos –el límite de la paciencia- se ven abocados a una crisis matrimonial en su vano intento de conseguir una estantería Nybygge y un juego de servilleteros.

Estudio [Vía] e Ilustración de Terapia de Apartamento.

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