Trump autoriza terminar la construcción de polémicos oleoductos vetados por Obama


Estos días Donald Trump se la ha pasado ejercitando su muñeca como los grandes. Y no por acordarse de sus gloriosos (y supuestos) encuentros con prostitutas rusas, sino porque se ha entregado a un frenesí de firmas que haría palidecer a cualquier rockstar. Bueno, quizás no es para tanto. Pero sí se ha dado vuelo asentando su “poderosa” en cuanto documento se le pone enfrente.

Para ejemplos de lo anterior, tenemos el caso de las órdenes ejecutivas firmadas ayer por el flamante presidente de los Estados Unidos, con las cuales resucitó construcciones paradas durante la era de Barack Obama: los oleoductos Keystone XL y Dakota Access, el primero cancelado y el segundo suspendido. Con esto, además de cumplir promesas de campaña, Trump asesta un duro golpe a comunidades indígenas y grupos ambientalistas que habían luchado para frenar ambos proyectos.

Foto: Reuters

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El Keystone XL proyecta la construcción de un oleoducto con una extensión de por lo menos mil 900 kilómetros, capaz de transportar diariamente hasta 830 mil barriles de petróleo crudo sintético y bituminoso diluido. De acuerdo con grupos ecologistas, se vislumbra que el recorrido de este ducto afecte considerablemente al medio ambiente de las regiones por las que cruce: desde la provincia canadiense de Alberta, hasta refinerías ubicadas en el Golfo de México y Texas.

En el caso del Dakota Access, su construcción permitiría transportar cerca de  470 mil barriles de petróleo al día, a lo largo de cuatro estados de la unión americana: desde Dakota del Norte hasta Illinois… y de ahí, a llevar el crudo en barcos hacia las refinerías. La obra, que comprendería mil 900 kilómetros y tendría un costo de 3 mil 700 millones de dólares, representaría un método más barato para transportar petróleo, pero contaminaría fuentes de agua potable y dañaría lugares sagrados para los indígenas.

dakota oleoducto

Foto: Reuters

Por lo anterior, abogados de la nación indígena Sioux, legisladores demócratas y grupos ambientalistas ya condenaron las acciones emprendidas por Trump, y advirtieron que habrá batalla legal para nuevamente impedir la realización de los proyectos petroleros. Además, en el plano político, no faltó quien recordara que el actual mandatario fue accionista en dos de las empresas dueñas de Dakota Access.

“Donald Trump lleva apenas cuatro días en el cargo y ya ha demostrado ser una peligrosa amenaza para nuestro clima, tal como temíamos que sería”, comentó Michael Brune, director de una de las organizaciones de defensa del medio ambiente más antigua de Estados Unidos: Sierra Club.

A los reclamos se ha sumado la directora de Greenpeace, Annie Leonard, quien le está pidiendo “peras al olmo” al solicitar a Trump que, en lugar de impulsar la construcción de oleoductos, apoye los esfuerzos del sector de la energía limpia, “donde reside el futuro de Estados Unidos”. Pero qué va a saber de eso un hombre que ya prohibió a personal de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) establecer comunicaciones públicas.



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