¿Qué harías si la Universidad de Oxford te rechaza?


Como algunos sabemos y otros algún día descubrirán, uno de los momentos más estresantes y angustiantes de tus primeros 20 años de vida es saber si la escuela a la que aplicaste te aceptará o no. Un proceso que puede durar semanas o meses y que definirá, o por lo menos eso crees, el resto de tu vida y puede ser frustrante.

Esto nos lleva a la historia de Claudia Vulliamy una chica de 18 años cuya ilusión era estudiar en la prestigiosa Universidad de Oxford. Claudia vive una vida normal alimentando su pasión por las artes, ella disfruta de cantar en una banda que tiene con sus amigas, así como de pintar, cosa que en mi muy humilde opinión, hace muy bien.

Para tener un poco más de contexto sobre lo que representa para una joven de 18 años que vive en Inglaterra estudiar en Oxford, empecemos hablando de la institución. La Universidad de Oxford en el Reino Unido es la segunda más antigua del mundo (solo detrás de la Universidad de Boloña en Italia). Dentro de su lista de egresados se encuentran 27 primeros ministros, 53 ganadores del Premio Nobel y un Stephen Hawking. Según números publicados por la misma universidad de las cerca de 18,000 aplicaciones que reciben al año, sólo 3,216 individuos son aceptados. Eso significa que solo el 17.5% de estos aspirantes se convierten en alumnos de esta prestigiosa casa de estudios.

Como verán, entrar a Oxford, está cabrón.

Finalmente, la tan esperada carta llegó. Esa carta en la que protocolariamente las universidades te dicen si te aceptaron o no. En el caso de Claudia, esta carta decía, de manera muy bonita, que había sido rechazada (uso esa palabra porque en inglés es así de fuerte, rejection letter). Después de meses de preparación, años de mantener buenas calificaciones (porque para siquiera aplicar a Oxford necesitas tener excelentes notas), la tensión de un examen de admisión; todo se acaba en un “no nos es posible ofrecerte un lugar”.

Todo se derrumba con esa lapidaria carta, ¿no?

Hace poco leí una caricatura que decía algo como lo que sigue:

– ¿Qué crees que traerá este año?

– Flores

– ¿Cómo estás tan seguro?

– Porque estoy plantando flores

Louisa Saunders, madre de Claudia, llegó a su casa después del trabajo para enterarse que Claudia no había sido aceptada en Oxford. Lo supo al llegar a su hogar y encontrar esto:

Claudia tuvo en sus manos la decisión sobre qué hacer con esa carta: llorar hasta el cansancio, romperla, enojarse, deprimirse, no hacer nada, miles de cosas que podría hacer con esa carta. Sin embargo, ella optó por “plantar flores”.

Oxford-letter-Vulliamy

Tristemente arrancamos el 2017 sumergidos en un espeso pesimismo que nos tiene un poco cabizbajos. Además del desolador entorno sociopolítico que nos rodea, la cereza en este pastel de caca viene cuando los especialistas hablan de lo difícil que será conseguir o inclusive mantener empleos en estos tiempos. Esto último, siendo honestos, es mucho más triste para nuestra juventud.  Esa juventud que está por escoger e iniciar una carrera universitaria; para aquellos que buscan acceder a educación superior, para aquellos recién egresados que buscan su primer empleo de tiempo completo.

Tenemos frente a nosotros la misma decisión que Claudia. Podemos llorar hasta el cansancio, romper cosas, enojarnos, deprimirnos, no hacer nada. Sin embargo, hay miles de cosas que podríamos hacer para sacudirnos el pesimismo y salir adelante pese a nuestro entorno.

Al final del día, lo único que queda es apechugar, echarle ganas y hacer lo mismo que Claudia: “plantar flores”.

Pueden seguir a Claudia Vulliamy en Instagram.

Por: Miguel Lozano



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