Para leer: David Foster Wallace y que no se nos olvide qué demonios es el agua


Por Raúl Bravo Aduna

Estamos por terminar un año dificilísimo que, peor tantito, se empeña por seguir siendo desastroso hasta sus últimas horas. Entre el desazón, el desasosiego y la desesperanza, quizá lo único que queremos es que acabe y ya. Olvidarnos de lo que pasó. Tal vez estamos tentados, incluso, a ni siquiera pensar en lo que viene. Sin embargo, quizá vale la pena detenernos algunos minutos, entre que termina 2016 y comienza 2017, para reflexionar sobre nuestras vidas y, por qué no, formular algunos propósitos de año nuevo que vayan más allá de perder algunos kilos, dejar de fumar y echarle más ganas al trabajo o la escuela — aunque todos ellos sean propósitos bastante loables y más que deseables—, que nos ayuden a sobrellevar este 2017 que se antoja tan asfixiante.

Pienso en la medianoche. Cuesta trabajo no imaginarme con pesadumbre por lo que viene. Y cuesta trabajo, además, no imaginar a una gran parte de la población de este país y el mundo igual. Por supuesto. Sobran razones para hacerlo. Pero, a riesgo de sonar ingenuo y pendejo  ridículo, me gustaría recomendar un ensayito precioso, que quizá nos puede acompañar con la reflexión de fin de año: ‘Esto es agua‘, del escritor estadounidense David Foster Wallace (1962-2008).

¿Pero quién fue Dave Foster Wallace y por qué carajos demonios hay que leerlo?

Me cuesta trabajo hablar de Wallace de manera “objetiva” o a la distancia. Debo confesar con honestidad: soy un fanático de su obra con la que, además, guardo una relación muy personal. Wallace, a diferencia de muchos de los escritores de su generación, creció viendo televisión en cantidades nocivas —como yo y, estoy seguro, muchísimos de ustedes—, pero sin sentirse avergonzado por ello. Por el contrario, DFW era de esos “intelectuales” que abrazan y aprehenden toda forma de conocimiento o expresión que pase por sus ojos, a sabiendas que, todititas, pueden ser de provecho en algún momento. Quizá es por eso que su literatura se siente, frecuentemente, como una exploración bellísima de lo que nos hace humanos, sin importar que lo haga sobre langostas, jugadores de tenis o la escritura misma.

NEW YORK - SEPTEMBER 27: Author David Foster Wallace reads selections of his writing during the New Yorker Magazine Festival in New York September 27, 2002. (Photo by Keith Bedford/Getty Images)

(Keith Bedford/Getty Images)

Aunque criticada por muchísimos (y aquí no vale la pena detenernos demasiado en esas críticas), hay una película padrísima (que también recomiendo ver), The End of the Tour (2015), que puede servir como una primera aproximación al personaje de David Foster Wallace y una ventana entrañable al tipo de escritor que era.

¿Y de qué va ‘Esto es agua’?

‘Esto es agua’ es un ensayo que se adaptó de una de las pocas conferencias largas que dio DFW en su vida: un discurso de despedida en el Kenyon College de Ohio. El discurso, emotivo y conmovedor —aunque nada optimista y alegre (como suelen ser esos discursos de graduación en los que los chavitos sienten que se pueden ir a comer el mundo de un bocado)— gira alrededor de una anécdota que cuenta al mero principio:

Están dos peces nadando uno junto al otro cuando se topan con un pez más viejo nadando en sentido contrario, quien los saluda y dice, “Buen día muchachos ¿Cómo está el agua?” Los dos peces siguen nadando hasta que después de un tiempo uno voltea hacia el otro y pregunta “¿Qué demonios es el agua?

La fabulita, que parece sencilla y hasta ridícula, esconde —desarrolla Wallace en su ensayo— una verdad abrumadora: con frecuencia damos demasiado por hecho las cosas más significativas y relevantes que nos rodean. Pero no sólo damos por hecho lo que nos rodea; además, para acabarla de joder, damos por hecho lo que sentimos y pensamos de las experiencias en las que estamos involucrados. Andamos, pues, en automático.

¿Y qué propone DFW?

Frente a tanto que damos tanto por hecho de nuestra experiencia diaria, DFW propone mantenernos alerta. No permitirnos olvidar que todo, TODO, a nuestro alrededor puede llegar a ser monumental, bellísimo, interesante; mejor aún, presente. ¿De qué depende? De no permitirnos olvidar que esto es agua, que todo lo que vivimos y vemos es susceptible a pensarse, deconstruirse, reconsiderarse y, por supuesto, admirarse.

No sé ustedes, pero es un consejo que, por lo pronto, quiero tener presente a medianoche con miras a 2017.

Lecturas recomendadas

‘Esto es agua‘, de David Foster Wallace (OBVIO)

‘La realidad exige‘, de Wislawa Szymborska

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Raúl Bravo Aduna estudió letras inglesas en la UNAM y es maestro en Periodismo y Asuntos Públicos por el CIDE. Actualmente es el Coordinador de Noticias de Sopitas.com.

Twitter: @rbaduna

 

 

 



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