Miré los celulares de la gente en la calle y en el metro por una semana. Esto encontré


Sólo en marzo del 2016, en el Metro de Santiago de Chile se hicieron más de 76 millones de viajes y, en un país cuya estatura promedio entre los adultos jóvenes es de 1.71, medir más que eso me pone en un lugar privilegiado para mirar  lo que los demás hacen, casi desde una posición de vigilante que puede leer todo lo ajeno.

Por eso, cuando me propuse recopilar las cosas que me encontrara mientras viajaba en el tren subterráneo de la capital chilena, como en sus buses públicos, la tarea no se volvió tan difícil.

Felipe Carmona
Felipe Carmona / UPSOCL

Si estás leyendo esto y nunca has pisado esta tierra, antes debo comentarte que, como en muchos lugares, subir a la hora punta al transporte público, es una tortura que te obliga a ir pegado a unas cuantas personas que apenas dejan espacio para respirar. Por eso, toparte con una pantalla, un libro o un periódico justo frente a tus ojos no es extraño… lo raro es lo que puedes llegar a encontrarte.

Sin cambiar mi rutina, entré a la estación de metro cada día a las 8am para intentar subirme a un tren y toparme con el paisaje que ya les describí y, cerca de 30 minutos después, salir de él para subir a un autobús. Esto es lo que vi:

Felipe Carmona / UPSOCL
Felipe Carmona / UPSOCL

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Entre todas las pantallas disponibles, no es difícil ver a una mujer que se conecta para charlar con las madres del colegio de sus hijos y hablar acerca de los quehaceres de los chicos.

Pero lo primero que me llamó la atención fue ver esos grupos de whatsapp de ‘reencuentro‘ que, frecuentemente, sirven para reunirte con amigos que no veías hace décadas y que, por algún motivo, recordaste que conocías. Aunque, a esta altura, poco tienen en común y de lo único que hablan es de memorias difusas y de cómo sus hijos ya aprendieron a ir al baño solos.

Y no tengo duda alguna de que ese tipo de mensajes fueron lo mejor para empezar mi experimento. Porque no tenía idea de que lo que me encontraría después sería mucho más… especial (?)


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Felipe Carmona / UPSOCL
Felipe Carmona / UPSOCL

Sinceramente, no sé si sea normal, pero estoy muy seguro de que llama la atención ver una o dos chicas cuyos teléfonos estaban repletos de selfies. Ese tipo de personas que incluso tienen una foto de sí mismas (posando como pato) como fondo de pantalla en el móvil, en whatsapp, en su portada de Facebook, en un póster en su habitación y, probablemente, tatuada quién sabe dónde.

Además, muchas de ellas publican sus fotos en redes como Instagram y tienen bastantes seguidores que suelen ir por ahí dándole ‘like‘ a todas las que ven.  Pero, por más que me resultara impactante ver tanta selfie reunida en un sólo teléfono, lo más extraño fue ver personas haciéndolo en medio del tumulto… incluso yo, que lo hice para este post.


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Felipe Carmona / UPSOCL
Felipe Carmona / UPSOCL

Un día, en un bus del sistema de transporte público santiaguino, me topé con una mujer (bastante mayor que yo) revisando su Facebook y parando cada cierto tiempo para ver una foto o video, nada especial. Pero cuando se detuvo para dar like a una imagen apoyando la pena de muerte, no pude evitar preguntarme qué tanto respaldo tienen este tipo de iniciativas en las redes sociales. Al menos en Facebook, son menos de 900 personas las que secundan la polémica condena.

Seamos francos y aclaremos que no digo estar de acuerdo ni desacuerdo con ella, pero sí es digno de mencionar que discusiones de tipo político y social también pueden llevarse a cabo en las redes. ¿Tú qué opinas?


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Felipe Carmona / UPSOCL
Felipe Carmona / UPSOCL

Es fácil encontrar ejemplos de cuán cordiales pueden ser los japoneses al abordar el metro y, aunque no sé si sea algo regular en el resto de Latinoamérica, el paisaje chileno no se parece nada al de Japón. Es que con tan poco espacio personal, todos nos ponemos un poco más irritables y es fácil encontrar a más de una persona discutiendo con otra porque estorba en su camino.

Está claro que esto no tiene nada que ver con pantallas de celulares, pero si es un síntoma que revela cuánto nos podemos transformar cuando nos encierran como ganado.

Hoy vi cómo una mujer que quería salir del vagón le pidió permiso a otra que no la escuchó y, en cuestión de segundos, lo que empezó como una simple solicitud, terminó convirtiéndose en una discusión que todos los demás pasajeros vimos. Y lo peor no es que se provoquen estos debates, lo peor es su frecuencia (porque es más de la que cualquier persona normal querría).

(Está bien, esto no tiene que ver con las pantallas, pero sí debía mencionarlo)


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Felipe Carmona / UPSOCL
Felipe Carmona / UPSOCL

Hay personas (como yo) que pasan más de una hora arriba de un autobús y la aprovechan viendo películas y series… ¡Magnífico!


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Felipe Carmona / UPSOCL
Felipe Carmona / UPSOCL

El reducido espacio que deja el horario punta para los pasajeros del transporte público permite –muy lamentablemente– que muchos tipos extraños saquen a relucir sus perversiones sexuales, llegando incluso a  tocar indebidamente a mujeres de todas las edades.

En uno de mis viajes, me tocó ver cómo un hombre que recorría su Facebook, se detuvo al encontrar una imagen de dos mujeres besándose (como lo harían dos estrellas porno). Al mirar con detalle la foto, nos percatamos (él y yo) de que ésta correspondía a un video… uno bastante explícito que él no dudó en ver de principio a fin.

En el tiempo en que la mujer dejó de ser objeto, ir consumiendo ese tipo de contenido es, por lo menos, considerable… Además, si vas a ver pornografía, ¿por qué no lo haces en tu casa?


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Felipe Carmona / UPSOCL
Felipe Carmona / UPSOCL

Estos son mis favoritos. En serio vi muchos señores de ese tipo (la mayoría, rondando los 40 años), que tienen varias conversaciones paralelas, con diferentes mujeres (imaginemos que de edades similares), halagándolas y destacándoles lo lindas y perfectas que son. Comentarios que, como es de esperar, son respondidos con frases como “ay, pero que galán es usted” (literalmente).

Podríamos llamarlos “galanes” o “coquetos” y no habría problema alguno. Pero el asunto se torna extrañamente sospechoso cuando, en cierto punto, el hombre en cuestión comienza a borrar los mensajes más comprometedores… ¿algo que esconder?


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Tampoco tiene que ver con pantallas… ¡pero es amor!

Felipe Carmona / UPSOCL
Felipe Carmona / UPSOCL

P-F

El fenómeno ocurrido en el transporte público tiene varias características bastante especiales. Partiendo porque, pese a ser enorme, el alto flujo de pasajeros hace que el espacio individual sea tan reducido que, primero: permita que alguien como yo, escriba algo como esto; y segundo: deje aflorar ciertas actitudes y personalidades tan peculiares como las que me tocó ver y que muchos más viven a diario.

No quiero discutir la seriedad de mi ‘experimento’, pero estoy seguro de que lo que vi en estos días no es mera casualidad, sino un termómetro de lo que pasa en la ciudad. Las personas que la habitan, las historias que escriben, las relaciones que se tejen y varios de sus secretos.

Santiago tiene más de 7 millones de habitantes ocupando su transporte público día a día y cada uno de ellos tiene algo qué contar. Seguro que en tu localidad también hay varias personas más (incluyéndote) y sólo basta prestar un poco de atención para descubrir cómo es el mundo que habitamos… y cómo aportamos a que sea así… o para arreglarlo.

Y si pensabas que todo es “celulares e ir apretados“, aquí tienes una excepción:

Felipe Carmona / UPSOCL
Felipe Carmona / UPSOCL



http://www.upsocl.com/comunidad/mire-los-celulares-de-la-gente-en-la-calle-y-en-el-metro-por-una-semana-esto-encontre/