“Mi mamá vendió mi virginidad para pagar una deuda”: trabajadora sexual cuenta su dura historia


Era el 2011 y “Karen” tenía solo 13 años cuando comenzó a notar conductas extrañas en su madre: no la dejaba salir sola, la encerraba con llave y no le permitía tener novio ni amigos. Al principio lo adjudicó al hecho de que vivían en un barrio peligroso, pero el tiempo le mostró la verdadera razón: su virginidad tenía un precio. 

Karen jamás había conocido a su papá. Con su madre, vivían en una situación de extrema pobreza, de hecho, recuerda que sobrevivían con apenas una comida al día. Esto, llevó a su madre a enredarse con personas malas, perdió un montón de dinero y se endeudó. 


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“Dos hombres la perseguían, la amenazaban y le pegaban cada vez que se vencía el plazo para pagar, pero ella no tenía cómo responder. Y esa rabia la descargaba en mí”

– Karen –

Hasta que un día, su madre la entregó a una mujer que, según recuerda Karen, le tomó algunas fotos, le examinó los genitales y le advirtió hasta el cansancio que hiciera lo que ella dijera, sino no volvería a casa jamás.

“De repente me vi en una habitación con un viejo gordo y agresivo que me hablaba en inglés. No le entendía nada. Me desnudó y me violó”

– Karen –


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A cambio, le regalaron un celular Nokia y con el pago su madre pudo saldar la deuda que tenía hace años. Karen, jamás volvería a ser la misma, pero no precisamente porque odiara a su madre después de lo ocurrido.

“Creo que si mi mamá no hubiese pagado la deuda una de las dos estaría muerta hoy. Por eso no la odio”

– Karen –

Pero lo impactante de esta historia no termina ahí. Luego del traumático acontecimiento, Karen se dio cuenta de que podía ganar mucho dinero dedicándose a la prostitución, por lo que se fue de su casa en Villa Liliam, Colombia, y comenzó a trabajar como dama de compañía, llegando a tener relaciones sexuales con más de 150 hombres a cambio de dinero. 


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Hoy, con solo 19 años de edad, es modelo de cámara web en un estudio del centro de Medellín. Casi a diario (descansando solo dos domingos al mes) le dedica 5 horas a su trabajo en el que desde las 5 hasta las 10 de la noche está frente a un computador complaciendo a extranjeros que compran paquetes de sexo por internet.

“Este trabajo me cambió la vida porque ahora sí puedo pensar en un futuro para mí y mi mamá. Además, ya nadie me manosea”

– Karen –


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Hoy, gana más de 2.000 dólares al mes y dice que si bien en un comienzo los derrochaba en vicios y lujos, hoy está ahorrando para estudiar diseño de modas o economía, aún no lo decide.

“Mi mayor sueño es comprarle una casa a mi mamá”

– Karen –

Lamentablemente la historia de Karen no es un hecho aislado. “La feria de las virginidades” es algo cada vez más frecuente en las comunas más pobres de Colombia. Grupos armados eligen niñas y les advierten a las mamás que sus hijas deben llegar vírgenes a los 13 o 14 años, para subastarlas a extranjeros o llevárselas al comandante del grupo, según explica un investigador del Sistema de Información para la Seguridad y Convivencia (Sisc).


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Las subastas por estas niñas parten en los 200 dólares y llegan hasta los 1.680 dólares aproximadamente. El 2013, Luis Guillermo Pardo, director del Centro Consultoría de Conflicto Urbano, denunció por primera vez las subastas de vírgenes en Medellín y la fiscal María Victoria Beltrán lleva ocho años investigando historias de violencia y explotación sexual infantil en Medellín. Ambos, dicen que es casi imposible hacer justicia, porque las mismas víctimas encubren a sus madres.

“Recuerdo una historia de cinco hermanas que eran alquiladas por su propia madre a mecánicos de un taller. La señora también le exigía a su hijo de 13 años que ofreciera su cuerpo para ayudar a pagar los gastos de la casa. En su testimonio inicial, las jovencitas –con el apoyo de su abuela– contaron que su mamá las obligaba a tener sexo con hombres, les pegaba con alambres de púas y las encerraba. Sin embargo, las víctimas se retractaron cuando supieron que su mamá podía ir a la cárcel durante al menos 14 años, sin rebaja de penas”

– María Victoria Beltrán, fiscal –

Esto pasa porque en muchos casos, la única referencia afectiva que tienen las menores que sufren abuso son sus mamás. Por eso las defienden, por muy malas que sean.



http://www.upsocl.com/mundo/mi-mama-vendio-mi-virginidad-para-pagar-una-deuda-trabajadora-cuenta-su-dura-historia/