Llevó a sus hijos a comer y una pareja se cambió de mesa al verlos. Descubrir la razón la devastó


“Así que le pregunté a mi mesero si se habían cambiado por que estábamos allí y no podía evitar estar enfadada por todo. Pero él se acercó y dijo en voz baja… “.

Siempre he pensado que no hay que tomar decisiones cuando estas enfadado, porque la rabia nubla las ideas y al actuar no tomas en cuenta ninguna interpretación más que la tuya, y mucho menos te pones en los zapatos del otro. Es así como Ashley Wadleigh de Estados Unidos casi comete el error de su vida, pero logró enterarse de la terrible verdad antes de dejarse llevar por su temperamento y luego relató el conmovedor encuentro en su Facebook:

“Decidí llevar a mis hijos a comer a Red Robin antes de la noche de patinaje de su escuela. Pedí que me atendiera un mesero con quien solía trabajar y nos guiaron a una mesa muy cercana a otra. 

La mujer en esa mesa inmediatamente se notó muy incómoda y sostuvo una mano sobre su rostro para no vernos. Su esposo se levantó y fue a hablar algo con nuestro mesero. Inmediatamente después se levantaron y se cambiaron a una mesa alejada de nosotros”.


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“Ahora, esta no es la primera vez que alguien se aleja de mis tres hijos una vez los he sentado, pero no pude evitar indignarme. ¿Qué crees que van a hacer mis hijos? ¿Tirarte comida? ¿Acuchillarte con un tenedor? Así que le pregunté a mi mesero si se habían cambiado por que estábamos allí y no podía evitar estar enfadada por todo. Pero él se acercó y dijo en voz baja:

“Hace poco perdieron a su hijo”“.


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“En ese momento me sentí absolutamente avergonzada. El corazón me dejó de latir un instante. Me sentí horrible por ella, me sentí horrible por juzgarla. Así que hice lo único que se me ocurrió: Pagué su cuenta y le pedí al mesero que no le dijera quién había sido”.


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“Bueno, lo debe haber deducido porque cuando nos íbamos, ella me detuvo. Parecía estar aguantando sus lágrimas cuando dijo, “Señora, no quiero que pensé que fue porque…” La interrumpí porque sino iba a romper a llorar yo. Sólo le di un abrazo y ella me dijo, “gracias”. Les dije, “buenas noches”“.


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“Me siento terrible por su perdida, pero estoy agradecida de que ese encuentro pasara. Me recordó no juzgar tan rápido a alguien… nunca sabes por lo que otros están pasando. También me recordó vivir cada momento con mis hijos, saborear lo bueno y lo manos, porque están aquí y son míos. Y por supuesto, tratar siempre de ser amable”.


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No hay nada más universalmente triste que la muerte de un niño.



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