Las ‘Musas’ de Natalia Lafourcade por primera vez en el Metropólitan


Un disco inspirado en las “musas”… y está es la primera presentación de este material a estrenarse el 5 de mayo: Musas de Natalia Lafourcade. Muy poca gente convocada, era una presentación prácticamente privada en el Teatro Metropólitan.

Es sábado por la tarde hace calor, las calles del Centro están relativamente tranquilas. Esto inicia alrededor de las 4:00 pm con un documental del proceso de creación del álbum. Cómo se hizo, quiénes son Los Macorinos (Juan Carlos Allende y Miguel Peña). Aparece Natalia llena de rosas:

“Espero que disfruten mucho. Y agradezco mucho que estén aquí. Quiero que le demos la bienvenida a Los Macorinos por favor.
Pues buen viaje…
Estoy muy emocionada de tocar con ellos…”

Tomará tiempo agarrarle a Musas, sobretodo porque dista mucho de lo que ha estado haciendo Natalia (incluso es muy distinto a Mujer Divina, su homenaje a Agustín Lara). Sí, definitivamente suena al folclor latinoamericano, a la combinación de dos mundos: el de Natalia y el de Los Macorinos. Sí, también suena a madera, a los grandes compositores como Simón Díaz, Atahualpa Yupanqui, María Grever, João Gilberto, David Aguilar… Músicos que tal vez muchos no tenemos cerca. Canciones que tal vez sólo nuestros papas o (ay Dios mío), nuestros abuelos conocen. A todo eso suena Musas, pero también suena a la realidad mexicana que vivimos en pleno 2017.

“México está adolorido con todas las cosas que le suceden, le compuse esta canción…” “mexicana hermosa bandera latina, si la noche se cubre de estrellas y nosotros calmamos la pena.”

Natalia canta entre luces tenues, sobre una construcción clásica art deco mexicana, el Teatro Metropólitan.

¿Pero a qué suena ‘Musas’ realmente? Suena a un café con leche en el Puerto de Veracruz, a un organillero en El Centro. Suena a la banda tradicional que se acomoda en un kiosko en Santa Maria la Ribera. A tus abuelos bailando un bolero a un lado de un estéreo antiguo. Suena a Garibaldi y a sus mariachis. Suena a un tequila, o un aguardiente, resbalando por la garganta, a todo un homenaje por los casi 100 años de Violeta Parra.

Pero no hay que confundir, Musas no es para el adulto contemporáneo ni al no tan contemporáneo. Es para los jóvenes que quieren ver un país mejor– de verdad, por más cursi que suene.

“Pues desde que te fuiste, no he teñido luz de luna”

Los convocados están entre los 20 y los 35 años. Relativamente jóvenes, en el escenario Natalia zapatea. Se siente como si nos cantara a cada uno, las guitarras acústicas, el contrabajo y la percusión se sienten en el estomago.

“Nuevamente quisiera pedir un aplauso para Gustavo Guerrero, mi querido Miguelito Peña, Juan Carlos Allende y Uriel Arango. Bueno. Ustedes si que saben quererme como a mí me gusta…”

Tal vez si no estuviéramos viviendo tiempos tan violentos (un muro que amenaza con venirse encima). Tal vez si no estuvieran deportando a cientos de latinoamericanos y ciudadanos de distintas partes del mundo. Tal vez si no tuviéramos un gobierno que seca todo lo que toca. Tal vez si no tuviéramos ganas de luchar por lo que nos pertenece… Musas no sería tan relevante.

“Por favor no me dejes que soy valiente en corresponderte… Quererme como a mí me gustaaaaaaaa”.

Al salir del teatro dos amigos comentan:
-“Que cosa tan exquisita”,
-“pues sí”, le responde su acompañante terminando el show.

– Pues sí. Musas 5 de mayo, nuevo disco de Natalia Lafourcade.

Foto Iván Manjarrez



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