‘La vida de Brian’ fue repudiada por blasfema hasta que George Harrison acudió al rescate


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Imagen: Terry Gilliam.

Terry Gilliam es un director de cine de culto que deja a pocos indiferentes después de ver alguna de sus películas. Su carrera como realizador de largometrajes tiene ya más de cuatro décadas: comenzó en 1975 codirigiendo ‘Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores’, protagonizada por los Monty Python, el grupo humorístico al que pertenecía. Tras más de una decena de películas como director y guionista, su mayor deseo, rodar una versión de ‘El Quijote’, parece estar a punto de cumplirse. Mientras tanto, ¿qué mejor que recordar algunas de las locas situaciones por las que tuvo que vivir en otros rodajes?

Recientemente, Giliam publicó en español un volumen de lo que él llama sus memorias “prepóstumas”: ‘Gilliamismos’ recoge su infancia y adolescencia en Estados Unidos; su llegada a Reino Unido, donde comenzó a demostrar su talento como dibujante antes de pasarse al humor y al cine, y su participación en los Monty Python. Pero no solo eso: los amantes del cine y todo lo que hay detrás de los rodajes encontrarán en él un buen puñado de anécdotas con las que demuestra que sufrió una verdadera odisea para llevar a cabo algunas películas.

Ya su primer rodaje como director fue un vaticinio de todas las situaciones extravagantes que viviría después. ‘Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores’ está protagonizada por los miembros de Monty Python y codirigida junto al compañero Terry Jones. La película parodia al rey Arturo y a su séquito en busca del Santo Grial y se rodó en muchos escenarios naturales, incluido un castillo. El día que iban a rodar en uno de ellos, privado (habían escogido unos públicos, para luego enterarse de que estaba prohibido rodar en todos ellos), el hijo del dueño tuvo que volar desde Londres para abrirles la puerta: se ve que falló la comunicación.

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No fue lo más disparatado que sucedió durante aquel rodaje. En la escena superior, en la que los caballeros llegan a un castillo tomado por los franceses y estos los atacan tirándoles animales, el director de producción de la película grabó en el jardín de su casa peluches lanzados al aire, para luego montarlos sobre la escena. Esto, que parece tan tierno y respetuoso con los animalitos, contrasta con algo más macabro: se encontraron una oveja muerta en la cuneta, la destriparon y le metieron relleno y la usaron también para esa escena.

Tras rodarla y montarla, tocaba presentarla ante los medios. En Ámsterdam, uno de los periodistas preguntó a los Monty Python cuál sería su próximo proyecto. Uno de ellos, Eric Idle, respondió lo primero que se le pasó por la cabeza: Una película titulada ‘Jesucristo, sed de gloria’.

La película que financió un ex-Beatle

Aquella broma terminó siendo una mítica película, ‘La vida de Brian’. En este caso, Gilliam se ocupó de la dirección de arte y de dirigir solo dos escenas, para no llegar a las manos con Terry Jones (algo que estuvo a punto de pasar en ‘Los caballeros de la mesa cuadrada’): la escena inicial de los Reyes Magos y la de los extraterrestres. Según afirma el propio Gilliam, George Lucas le dio la enhorabuena por esta escena:

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Sin embargo, Lucas, Gilliam y el resto de la humanidad estuvieron a punto de quedarse sin esa escena y sin el resto de la película. Cuando todo el equipo estaba preparándose para marchar a Túnez a rodar, la compañía que iba a aportar la financiación se retiró por considerarla blasfema, queriendo evitar así los escándalos. Los Python comenzaron a pedir dinero a todo el mundo hasta que Eric Idle pidió ayuda a un viejo conocido suyo: George Harrison, uno de los Beatles. Este, fan acérrimo del grupo, aceptó encantado, y la película pudo rodarse. Harrison llegó a hacer un pequeño cameo como figurante:

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Dolores de cabeza con ‘Brazil’

Disueltos ya los Monty Python, Gilliam se dedicó a su faceta de director. En 1985 estrenaría una de sus películas más conocidas, que lo llevaría directo al Olimpo de los directores de cine: ‘Brazil’. La película se desarrolla en un ambiente distópico que podría recordar al de la novela ‘1984’. Uno de los personajes, el hombre del ácido, está inspirado en una experiencia personal del propio Gilliam: a su padre le habían detectado una mancha en la piel de la oreja y un cirujano le puso ácido, se lo cubrió con una compresa y le dijo que dejara pasar una hora: “Cuando mi padre volvió al quirófano”, escribe en el libro, “aún le quedaba el borde de la oreja, pero se le había desintegrado el lóbulo entero”.

En el reparto estaban Jonathan Pryce, Iam Holm, Bob Hoskins y el mismísimo Robert De Niro, quien había pedido participar en la película como fan de los Python que era. El primer día de rodaje, llegó al estudio a las cuatro de la mañana y, caracterizado, se había quedado esperando a los demás. ¿Por qué? Gilliam lo comprendió más tarde, cuando tuvo que ponerse su disfraz de reparador de aire acondicionado para rodar algunas escenas adicionales. Entonces pensó: “Esto es incomodísimo y da muchísimo calor. Por eso se prepara con tanto tiempo, para acostumbrarse a esto y así estar más suelto delante de la cámara”.

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Pero lo peor estaba por llegar. La productora quería un final feliz para esta película en Estados Unidos, a lo que Gilliam se negó (“el final de una trasnochada fantasía totalitaria no cumple ese criterio”, escribe). Durante mucho tiempo, ‘Brazil’ estuvo ‘embargada’ en el pais del tío Sam. Gilliam publicó un anuncio a toda página en la prestigiosa revista ‘Variety’ en la que preguntaba al estudio cuándo estrenaría la película. Eso y la propuesta de fletar un autobús hasta México para que cualquier periodista pudiera ver ‘Brazil’ aumentaron el interés sobre ella. En una entrevista televisiva, Gilliam volvió a cargar contra el estudio. Al poco tiempo, ‘Brazil’ ganó los premios de mejor película, director y guion de la asociación de críticos de Los Ángeles. Al final, el estudio tuvo que ceder.

Terry Gilliam

Panecillos al borde de un ataque de nervios

Aunque para rodaje desquiciante, el de ‘Miedo y asco en Las Vegas’, la película basada en el libro homónimo del reportero ‘gonzo’ Hunter S. Thompson. Precisamente fue el autor uno de los que más problemas dio. Iba a rodar un cameo en la escena del ‘flashback’ en el club The Matrix y Gilliam asegura que “lo habría matado”: “Hunter me lanzaba panecillos y hacía cualquier cosa a fin de llamar la atención para que todo el mundo dijera ‘¡Basta, Hunter!’ y demostrar así lo díscolo que era”. Cuando le pidieron que se sentara donde tenían pensado filmarle, se negó. Según dijo, “como periodista siempre tengo que estar donde se cuecen las cosas”.

Finalmente, Laila Nabulsi, una de las productoras de la película y exnovia de Thompson, sugirió sentar una extra atractiva en la mesa donde Thompson debía estar. Inmediatamente, el escritor fue para allá. Cuando rodaron, en la primera toma no se dio cuenta de que Johnny Depp, el protagonista, pasaba a su lado (debían mirarse). En la tercera ya se había emborrachado, según William. El resultado final lo tienes aquí:

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Johnny Depp también dio algún problema, de nuevo por culpa de Thompson. Todas las mañanas llegaba tarde al rodaje porque la noche anterior se quedaba hablando por teléfono con el escritor. Incluso, había llegado a convivir con él para preparar mejor el personaje. Ambos se apreciaban mutuamente (“no hay nada mejor que ser retratado por alguien más guapo que tú”, escribe Gilliam), y Depp llegó a vestir sus camisas y a llevar su coche en la película.

Pero la película no podía llegar a las pantallas sin que Thompson hiciera alguna de las suyas. Cuando consiguieron acorralarlo en una sala privada para que viera la película (al parecer, tenía miedo de que no le gustara el resultado final), terminó la proyección en el suelo riendo a carcajadas. Sin embargo, en el estreno de Nueva York, se puso a alardear ante los presentes y tiró un contenedor gigante de palomitas. “Nicola Pecorini, mi nueva mano derecha y director de fotografía, y yo nos cabreamos tanto que nos fuimos a un bar cercano. Hunter era un tipo singular y yo lo admiraba muchísimo, pero mejor disfrutarlo a distancia”.

Ahora, Terry Gilliam se enfrenta a una nueva aventura: rodar su versión de ‘El Quijote’ después de numerosos tropiezos. ¿Tendrá suerte esta vez? Y si la tiene, ¿cuántas anécdotas quedarán para su próximo libro de memorias?

Con información de ‘Gilliamismos’ (editorial Malpaso), Filmin y Wikipedia. Imagen de Shutterstock.

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