La triste vida de las mujeres rurales de México que renuncian a ser felices por proveer a su familia


A veces se marchitan esas mujeres con grandes ideas, corazones vivos y energía inagotable.

México es un país de colores y tradiciones. Es cuna de ricas culturas y es tan extenso que tiene lugar para distintos climas y panoramas. Es actual, se ha adaptado a los tiempos modernos y ha sabido abrazar a las subculturas urbanas. Pero hay una situación que muchas veces se nos escapa de las manos.

Las familias rurales, que abarcan el 22% de la población, siguen viviendo en estricto rigor a sus tradiciones sin que importe que atentan contra la felicidad de sus miembros.


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Aquellas niñas y niños que crecen en el campo, normalmente son hijos de campesinos. Papá es jornalero y rinde cuentas a un patrón, que le paga a diario o semanalmente, según lo acordado mutuamente; mamá se queda en casa a cocinar y atender todo lo que debe ser ordenado en una casa.


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Mamá se dedica a hacer comida, a lavar ropa a mano y a lamentarse por tener “esa triste vida que le tocó”.

Lo más preocupante de esto es que la historia se repite generación tras generación. Sucede que la hija mayor de la familia, es quien se tendrá que hacer cargo de cuidar a sus hermanitos. Valga decir que las familias rurales son muy numerosas.


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Antiguamente, las “atrevidas” mujeres que “sólo” tenían 2 o 4 hijos, eran duramente criticadas porque “no servían ni para eso”.

Con el paso del tiempo, esa idea de “engendrar los hijo que Dios mande” está quedando atrás a cuenta gotas. Per aún es la hija mayor quien se encarga de entretener, divertir y cuidar a los más pequeños.


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Incluso antes de ser una adolescente, adquiere tareas del hogar que van mucho más allá de lo que le correspondería a una niña de su edad. Eso es lo que le tocó “porque es mujer”. A mayor edad, mayores serán sus responsabilidades en casa.


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Esto provoca que papá decida que la hija mayor no irá más a la escuela porque debe quedarse en casa para ayudar a su madre.

Mamá nada puede cuestionar acerca de las decisiones del esposo. Ella siempre ha estado en desventaja y sabe bien que “su lugar” es estar debajo y detrás de él. La única palabra que tiene peso es la del señor. Siempre ha sido así y así siempre será.


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Esa desventaja y discriminación se respalda en el hecho de que las hacen sentir menos porque son pobres, indígenas y mujeres, de acuerdo con Gloria Carmona de Alva, Coordinación Interregional Feminista Rural Comaletzin A.C.


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Las adolescentes que crecen en sus hogares sirviendo a los demás miembros, se sumergen en el pensamiento de estar siempre a a la orden y disposición.


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Es común que suceda que jamás hayan asistido a la escuela porque su deber siempre estuvo en el hogar. A esto se adhieren consecuencias colaterales como renunciar a amistades, a actividades sociales de enriquecimiento personal y todo termina con la insatisfacción e infelicidad.

Muchas de las mujeres que crecen en familias rurales mexicanas han tenido que orillarse a este estilo de vida aún cuando sus anhelos siempre apuntaron hacia realizar sus sueños y anhelos.


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Lastimosamente, esta situación de desigualdad no es exclusivo de zonas rurales. Aunque es un patrón arraigado a zonas indígenas, aún en nuestros días existen casos en los que figuran las tías solteronas que nunca dejaron la casa familiar y se quedaron con sueños embotellados.

Las mujeres somos y podemos lograr mucho más de lo que una voz autoritaria y machista nos quiera imponer.


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Se trata de atreverse y derrumbar de una vez por todas a las prácticas que apagaron las luces de esas mujeres con grandes ideas, corazones vivos y energía inagotable.

Por todas las mujeres del mundo, sean campesinas, urbanas o indígenas, siempre existirá una fuerza que las empuje a conocer su verdadero valor.


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¿Conoces alguna historia de mujeres marchitas bajo del yugo de la desigualdad?



http://www.upsocl.com/mundo/la-triste-vida-de-las-mujeres-rurales-de-mexico-que-renuncian-a-ser-felices-por-proveer-a-su-familia/