La odisea de Bahía, la esmeralda más grande del mundo


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En 2001, en la ciudad brasileña de Pindobaçu, en el estado norteño de Bahía, un buscador de metales preciosos encontró en una mina un objeto asombroso: una roca con esmeraldas incrustadas increíblemente grande, más grande de lo que ninguno de los allí presentes habían visto hasta entonces. Era de una tonalidad oscura, con la forma de una lápida y con una docena de columnas verdosas de impresionantes esmeraldas que sobresalían.

Se trata de la esmeralda Bahía. No es una cualquiera: está considerada como la mayor esmeralda conocida y una de las gemas más grandes jamás descubiertas. Por su valor, probablemente sus dueños no querrían sacarla a la calle ni rodeada de guardaespaldas. Pero es que esto no es lo único por lo que sobresale: detrás hay una historia fascinante, con un viaje por varios países, un hundimiento bajo el agua en una ciudad asolada por un huracán y diez personas, tres empresas y el gobierno de Brasil reclamando su pertenencia.

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Las gemas fascinan a muchos. Rubíes, zafiros, diamantes… Todas ellas destacan por su brillo y sus formas, aún sin ser pulimentadas. En un anillo o en un colgante, bien exhibidas, pueden dejar con la boca abierta a cualquiera. Pero primero hay que poder pagarlas, claro. Al fin y al cabo, todo es cuestión de dinero.

La roca en la que estaba inserta la esmeralda Bahía pesaba lo suyo: en principio, 381 kilos, aunque luego se aseguró que un poco menos. La masa de la esmeralda equivaldría a 180.000 quilates o lo que es lo mismo, unos 36 kilos. Dicho de otro modo: Bahía era la esmeralda sin pulir más grande del mundo. Su valor se ha llegado a estimar en 372 millones de dólares (336 millones de euros).

Esmeralda Bahía

Según una televisión brasileña, un vecino de Bahía compró la esmeralda por 5.000 dólares (unos 4.500 euros al cambio actual) y luego la vendió por 20.000 dólares (unos 18.000 euros). Tras ello, la historia de la esmeralda Bahía no ha estado exenta de pretendientes y posibles compradores. Por aquel entonces, su periplo por medio continente americano no había hecho más que comenzar.

Uno de esos compradores interesados fue un tal Tony Thomas, un estadounidense de 37 años con dinero y ganas de invertirlo. Conocía a un consultor relacionado con la minería, Ken Conetto, que le habló sobre las esmeraldas brasileñas. Thomas viajó al país sudamericano para comprar estas gemas a bajo precio. En Sao Paulo, le enseñaron la esmeralda Bahía. Maravillado, le hizo muchísimas fotos y pidió a sus acompañantes que le retrataran junto a ella.

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Con el tiempo, asegura que pagó 60.000 dólares (54.000 euros al cambio actual) para que los brasileños se la enviaran a California, pero nunca llegaron a hacerlo. Él tampoco tenía factura que probara esa adquisición. Pero eso no impidió que siguiera cerca de ella.

En 2004, los propietarios de la esmeralda crearon una compañía minera en Panamá y enviaron la Bahía a San José, en California. La gema viajó por Estados Unidos (llegó a estar en Nueva Orleans durante el huracán Katrina, en 2005, hundida en las aguas) y varios inversores quisieron comprarla, aunque nunca se concretó la operación definitiva. Eso hizo que muchos otros se sintieran estafados.

Esmeralda Bahía

La esmeralda Bahía llegó a estar supuestamente en venta en eBay, allá por 2007. Según la rocambolesca historia que alguien inventó para esta plataforma, la piedra fue extraída en el estado homónimo brasileño y arrastrada por un equipo de hombres por la selva, con destino a Sao Paulo. Sin embargo, cuando llevaban cinco meses de viaje, unas panteras atacaron por sorpresa a las mulas del séquito, y la compañía tuvo que seguir el camino con una especie de camilla fabricada con maderas y transportándola a mano. La extravagante historia no sirvió para venderla, aunque sí para aumentar su valor.

Las peripecias por Estados Unidos siguieron hasta octubre de 2008, cuando Ken Conetto y compañía denunciaron el robo de la esmeralda en Los Ángeles. Los detectives siguieron la pista hasta Idaho. Aparentemente, la roca estaba en casa de Kit Morrison, un hombre de negocios, que la habría sustraído del almacén angelino en el que se encontraba, gracias uno de los compañeros de negocios de Conetto, Jerry Ferrara. Cuando la esposa del supuesto ladrón abrió la puerta a los detectives, vio toda una línea de coches de policía ante ella. Su marido estaba en Los Ángeles, y los detectives hablaron con él desde la casa. Él negó que Bahía estuviera en Idaho. “Si no nos lleva a la esmeralda, tendremos que meterlo en la cárcel”, le dijo uno de ellos. “Llévenme a la cárcel”, les respondió.

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Un juicio con muchos dueños

Finalmente, a Morrison se le bajaron los humos y decidió colaborar con la justicia. Bahía estaba en Las Vegas, escondida en otro almacén. En enero de 2009, cuando Conetto y Morrison estaban en medio de un juicio por la propiedad de la roca, otras cuatro personas reclamaron que Bahía les pertenecía, denunciando que habían sido estafados. Y por si esto fuera poco su dueño original también reclamó la propiedad del pedrusco.

En 2014, Brasil exigió la repatriación de Bahía.  Según las autoridades, la piedra fue extraída y exportada ilegalmente. “La esmeralda Bahía es, y siempre ha sido, propiedad de Brasil”. Finalmente, en 2015, la Justicia dio la razón a la compañía de Morrison y Ferrera y argumentó que ella era la verdadera poseedora de la piedra después de haber pagado como garantía 1,3 millones de dólares en una venta que no se cerró. Además, el juez estableció el verdadero peso de la esmeralda, reduciéndolo a los 340 kilos. Aun así, sigue fascinando por su tamaño.

Con el tiempo, Conetto, aquel que se la llevó a Estados Unidos, ha asegurado a algún periodista que tiene una piedra (no sabemos de qué tipo) “cuatro veces más grande que la esmeralda Bahía”. ¿Será posible que otra gema distinta cause tantos quebraderos de cabeza como para una película policíaca?

Policías con la esmeralda Bahía

Con información de Bloomberg y Los Angeles Times (1, 2). Imágenes de Bloomberg.

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