La historia del niño de 11 años que quiere cambiar la vida de su madre enseñándole a leer y escribir


Cuando Sandra María de Andrade tenía tres años fue abandonada por su padres. Tuvo que irse a vivir con su abuela, quien decidió que era mejor entregarla a una familia donde no la dejaban ni ir al colegio. Se puso a trabajar en campos de harina y en la limpieza de casas. A los 12 años fue en búsqueda de su madre biológica, pero desgraciadamente sufrió un rechazó y nunca supo el por qué. Hoy, tiene un hijo leal que le enseña a leer y escribir. 

La vida de Sandra María de Andrade ha sido todo menos fácil. Desde muy pequeña tuvo que trabajar, sentir el rechazo de su madre biológica y no pudo ir al colegio como los demás niños que conocía. A los 13 años un hombre le dio comida y techo. Comenzó rápidamente una vida “matrimonial”, y en el proceso tuvieron 3 hijos.

La mujer sufrió de maltrato casi toda su relación, y en 1996 casi muere después de ser golpeada varias veces, atacada con un cuchillo y casi calva porque le arrancaron los pelos.


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Ese fue el día que cambió su vida y decidió ser fuerte, tomar a sus tres hijos y escaparse. Aunque se fue lejos del maltrato doméstico que vivía, había algo que Sandra nunca pudo aprender: a leer y escribir. Un día, por ejemplo, tuvo que sacar su documento de identidad, y como no podía firmarlo, tuvo que poner solamente su huella digital. 

En todo el proceso de reponerse y comenzar una nueva vida, la mujer se casó nuevamente, y es ahí cuando nació Damiao. 


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Este pequeño le prometió a su madre cuando tenía 3 años que después de que él aprendiera, le iba a enseñar a ella a leer y a escribir. Para ese momento de su vida, Sandra ya no estaba en una relación con nadie, y cuatro de sus siete hijos murieron siendo víctimas de dolencias, como por ejemplo una de sus niñas que murió atropellada.

Para Sandra, que su hijo Damiao fuera al colegio siempre ha sido la inspiración que necesitaba.


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Él recibía un estímulo de parte de su profesora, quien le daba clases de refuerzo o animaba a que los niños leyeran. Fue con esos libros que le dejaban a su hijo que Sandra fue sintiendo más amor por la lectura:

“Yo me tomaba un baño, me acostaba en la hamaca y él me llamaba para que se los leyera. Aunque no sabía leer y mi vida transcurría entre desechos y basura, también quería aprender. Me daba curiosidad”

-Sandra a BBC–

Es así que el niño comenzó por enseñarle que la “E” era lo mismo que una “I”, pero cerrada y sin punto. 

Que la “H” se convertía en una silla o que la “R” era lo mismo que la “B” pero con la panza abierta. Después, le fue enseñando las letras de su nombre y así, por fin, Sandra comenzó a escribir. Para ella eso ya era una batalla ganada. Después fue la palabra “madre”.

“Cuando lo aprendí, sentí que tenía otra identidad. Yo no podía escribir mi nombre. Ahora, puedo escribirlo y ya no me produce más vergüenza” .

-Sandra a BBC–

La mujer le contó a BBC cómo un día que fue a una reunión escolar de su hijo pudo por primera vez firmar como la tutora del niño. 


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“Tenía que escribir que yo era su mamá, describir la relación que teníamos. Y escribí, orgullosa, ‘madre’, bien grande”.

-Sandra a BBC-

Pero, su hijo no paró ahí. “Yo quiero que aprenda conmigo. Quiero que aprenda a escribir las palabras que ella siente por dentro. A ella le gusta hablar de amor, pasión. Sabe un montón de palabras. Las más simples”, afirmó el menor que hoy en día ya tiene 11 años.

Hasta el momento, Sandra y Damiao han leído 107 libros juntos. 

Ella dice que su libro favorito es “Nadie nace siendo un genio”. “Escribí mi nombre en él, porque nadie nace siendo un genio. Porque yo pensaba que no necesitaba aprender, pensaba que ya era tarde para mí”. 

Para Damiao siempre ha sido importante ayudar y apoyar a la mujer que le dio la vida en todo. Y admite que su libro favorito se trata de un ángel que vivía encadenado y que sólo pudo conseguir su libertad cuando un ser humano le enseñó a rezar. Ambos vivieron luego como grandes amigos. 

“Es la historia mía y de mi mamá. Yo le estoy enseñando una cosa y ella me enseña otra. Cuando era pequeño, ella me cuidaba y yo la cuidaba también. Ella me daba un abrazo y yo le devolvía dos. Fue así que comenzamos a querernos”.

-Damiao a BBC–

Se sabe que Damiao quiere seguir leyendo más y más porque considera que los libros lo ayudan a “viajar a otro mundo”. 


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Brasil representa el 8,3% (758 millones de personas en total) de la población que no sabe ni leer ni escribir una simple frase, según un estudio de la Organización de Naciones Unidas para la Educación y la Ciencia (UNESCO). 

Les enviamos todo el amor y las bendiciones del mundo para Sandra y su hijito Damiao. Son un gran ejemplo de perseverancia.

¿Qué opinas sobre esta inspiradora historia? 



http://www.upsocl.com/inspiracion/la-historia-del-nino-de-11-anos-que-quiere-cambiar-la-vida-de-su-madre-ensenandole-a-leer-y-escribir/