La dolorosa historia de Lancelot, la cabra que quería ser un unicornio


Lancelot

Los unicornios son animales fantásticos que la literatura nos ha pintado con la fisionomía de un caballo y un sobresaliente cuerno en el centro de la cabeza. Hasta Felipe II creyó tener un supuesto cuerno de unicornio en su colección privada. En el siglo XX, el monarca no habría andado muy desencaminado si hubiese conocido al mago Oberon Zell: este ilusionista obró todo un milagro y consiguió que las cabras se convirtieran en unicornios. Y una de ellas, Lancelot, se erigió en símbolo de todas las que lo sufrieron en propias carnes.

En los años 70 del siglo XX, Zell se preguntaba cómo crear unicornios de carne y hueso, que destacaran por ese cuerno en la testa. No podían pegarse a la piel, sino que la unión debía ser perfecta. Mientras investigaba, se topó con las investigaciones del biólogo Franklin Dove, quien en 1930 había descubierto un método para fusionar los dos cuernos de las cabras en uno solo.

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El procedimiento era muy sencillo: cuando la cabra es apenas una cría de una semana, los pequeños cuernos son aún parte de la piel y no del cráneo. Así, con una intervención quirúrgica se pueden manipular para acercarlos y ‘coserlos’ en el centro de la frente como si fueran uno solo. A medida que se desarrollan, los cuernos crecen fusionados, bien unidos.

Zell tenía estudios de biología e hizo un curso preparatorio para ingresar en la carrera de Medicina, así que decidió tomar el trabajo de Dove para ver si llegaba a las mismas conclusiones, pero sobre todo, a crear su propio unicornio. Unir los cuernos y hacer que crecieran juntos fue fácil. Para conseguir animales con más envergadura corporal, cruzó cabras de Angora, conocidas por su buena cornamenta y un tupido pelaje, con cabras de la raza Saanen, que se caracterizan por unas patas un poco más altas que las de otras de su misma especie. Una vez que el cuerno creciera, había que pulirlo para darle lustre y que se pareciera a esos que nos presentan en los cuentos infantiles.

Unicornio

De 1980 a 1984, cuando tuvo varias cabras-unicornio, Zell las llevó por ferias medievales para que el público se maravillara ante algo que parecía relegado a las leyendas. Según contó en una entrevista años después, ninguno de los visitantes se daba cuenta de que eran cabras: “Era lógico, por supuesto. Eran unicornios”. Con el tiempo, un circo, el Ringling, le hizo una oferta: llevar por todo el país durante cuatro años a sus cuatro mejores animales. A cambio, el mago tenía prohibido contar en público cómo había conseguido crearlos.

Lancelot, la cabra de la polémica

Al dar el salto de las ferias medievales al circo, los ‘unicornios vivientes’ (ese era el nombre con el que se registraron como marca) fueron más conocidos. Sobre todo, la cabra más grande y vistosa, Lancelot, que sufrió el epicentro de la polémica: las asociaciones de protección de animales comenzaron a hablar de fraude y de sufrimiento animal, ya que no era un cuerno pegado a la piel o un postizo, sino una criatura modificada. Llegaron a pedir a veterinarios del Departamento de Agricultura que visitaran a Lancelot y la examinaran. La conclusión de estos fue que el animal era una cabra, sí, pero que los responsables del circo la estaban tratando bien.

La polémica no impidió que muchos disfrutaran con el espectáculo y que el circo siguiera insistiendo en que era un unicornio real. Para ello, llegaron incluso a mostrar una radiografía en la que se veía cómo el cuerno estaba incrustado en el cráneo. A partir de aquí su popularidad creció más y más: Lancelot llenaba aquellos lugares donde el circo actuaba. Sin embargo, en febrero de 1986, volvió a sufrir un pequeño susto.

En aquella fecha, la cabra fue incautada en Daytona Beach, en Florida. Los miembros del cuerpo del ‘sheriff’ argumentaron que había una ley estatal de 1921 que prohibía mostrar a animales desfigurados o con malformaciones para lucro. De nuevo, sometieron al animal a rayos X y una vez más quedó comprobado que el cuerno nacía de la cabeza, así que tuvieron que devolverla para el espectáculo.

Circo

El animal que había estado en el centro de la polémica y cuya dieta incluía pétalos de rosa y galletitas saladas podía tener el consuelo de hacer felices a centenares de personas. Sin embargo, hasta eso le duró poco: a pesar del contrato de cuatro años, el presidente del circo, Kenneth Feld, decidió prescindir de sus servicios cuando solo habían pasado dos, con la idea de que quien había ido una vez al circo no querría volver a ver el mismo espectáculo cuando regresara a esa ciudad al año siguiente.

Así, en 1987, la pobre Lancelot fue a lo que Feld llamó “una residencia para unicornios”. ¿Y qué había sido del mago Oberon Zell, mientras tanto? Aunque apartado de los focos, siguió creando animales de este tipo hasta 1990. De hecho, el último unicornio que desarrolló falleció en 2005.

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En internet es posible ver vídeos de cabras unicornios, que pastan sin problemas por el campo mostrando orgullosas su cuerno y ajenas a la polémica sobre esta modificación animal. La pobre Lancelot abrió un camino muy cuestionado ante el que sus protagonistas solo tenían una cosa clara: eran unicornios, porque solo tenían un cuerno.

Con información de Mental_floss, Chicago Tribune y Sideshow World. Imágenes de Circus NO SPIN ZONE, Eric J. Herbert, Tim Green, VisualHunt y Richard Bonser–

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