Hice un experimento y dije que sí a absolutamente todo lo que me propusieron por una semana


La rutina se ha convertido en una de las frustraciones y en uno de los temores más agobiantes de la generación actual, tan sólo pensar en que algún día podríamos llegar a vivir para trabajar o que una de las razones imperantes para levantarnos cada día sea pagar deudas, se encuentra a años luz de contener los ingredientes para ser felices, pero lo cierto es que a pesar de que este pensamiento aseche nuestras mentes de forma constante, somos nosotros mismos los que terminamos boicoteándonos. 

No sé si es el cansancio diario que nos vuelve más cómodos, más resignados o más pasivos pero lo cierto es que con el tiempo nos damos cuenta lo difícil que resultar romper la rutina y vivir cada día como si fuera sábado. Lo cierto es que solemos vivir el en el futuro, no importa que hoy nos vayamos desmotivados a la cama, porque mañana o el mes entrante será el momento perfecto para comenzar a experimentar las alegrías de la vida. Pero la verdad es que vivir en el futuro es agotador y resulta verdaderamente ridículo en la práctica.

De seguro te metiste al gimnasio, pero tras un par de días te diste cuenta que el próximo año sería el mejor momento para ponerte en forma y tener el cuerpo que siempre quisiste; ese libro que siempre has querido escribir, te auto convenciste que no saldrá de forma natural hasta que cumplas 30; decidiste que ahorrarás dinero el año entrante, porque este año tienes demasiados gastos; esa salida con tus amigos de la infancia mejor dejarla para la próxima semana “cuando realmente tengas energía”.

Nuestros días pasan así de rápido y llenos de este tipo de excusas que terminan haciéndonos caer una y otra vez. La vida que siempre soñamos es ahora y no en 5, ni 10, ni 15 años más. Si seguimos perpetuando este tipo de tónica, seremos nosotros mismos quienes volveremos realidad nuestras peores pesadillas y haremos realidad nuestros propios miedos.

Tras darme cuenta que en los últimos años, he postergado las emociones del día a día, aquellas alegrías que surgen de pequeños encuentros, decidí probar durante una semana decir que sí a todo lo que me propusieran y descubrí en la práctica, que somos nosotros mismos quienes nos boicoteamos inconscientemente. 


Catalina Yob / Upsocl

Catalina Yob / Upsocl

Catalina Yob / Upsocl

A pesar del cansancio, la falta de motivación o la escasez de tiempo (que nunca resulta ser tan real como la que manifestamos), acepté toda propuesta e invitación que me hicieron. Aún cuando, por costumbre, quise abandonar el desafío, me propuse cumplirlo durante los 7 días con el fin de comprobar hasta dónde podía llegar y la verdad es que descubrí que la vida que soñamos es ahora, y que sin importar los planes que podamos llegar a planear para el futuro, no deberíamos perder ni una oportunidad que nos provoque aunque sea un breve instante de felicidad. 

Resultó que un gesto y una palabra tan simple como “sí” me llevó a experimentar situaciones maravillosas, en las que pude comprobar todo lo que por decisión propia, desechamos por excusas tan banales como el cansancio o la falta artificial de tiempo.


Catalina Yob / Upsocl

Catalina Yob / Upsocl

Catalina Yob / Upsocl

Comí, bailé, reí, experimenté grandes momentos y conocí hermosos lugares tras aceptar de forma deliberada a toda invitación que llego hasta mis manos. Y a pesar de que no viajé a Londres, ni decoloré mi cabello o volé por la cordillera, logré darme cuenta que son los pequeños momentos de felicidad los que le entregan un verdadero valor a nuestra vida.

Son esos amigos que aún cuando no los veas por mucho tiempo, la confianza sólo tiene a crecer, los sabores que hacen que tus papilas gustativas vuelen, los momentos en que tu mente sólo piensa en cómo te verías con ese vestido, las lágrimas que te provoca un buen libro, el pequeño y breve instante en que hiciste deporte y que te hizo sentir de maravilla o la copa de vino que tomaste con tu novio admirando los cerros de Valparaíso que hace que tu vida valga la pena. A pesar de la rutina y los vicios que solemos adquirir como propios a medida que pasa el tiempo, son los pequeños instantes y en los actos más simples, los que hacen darnos cuenta que lo tenemos todo.


Catalina Yob / Upsocl

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En el último día y tras una semana llena de emociones, recibí una invitación tácita. Nadie me lo pidió, ni nadie me lo sugirió pero en mi más profundo ser sentí que debía hacerlo. Tras pasar por una gran avenida que se encuentra en las cercanías de mi casa, divisé a una pequeña perrita que inicialmente pensé que había sido atropellada.

Traté de llamarla pero no hizo absolutamente nada, hasta que me paré cerca de ella, la subí a mi auto en compañía de mi hermana y la llevamos al veterinario. No estaba herida, sino que el abandono y la falta de compasión de la gente la tenía completamente sucia y sin energía. Estaba llena de pulgas y garrapatas, pero nada que algo de amor pudiera solucionar. Resultó que detrás de ese pelo gris y esos ojos tristes, había una hermosa perrita blanca que encontró un nuevo hogar, en donde podrá conocer, probablemente, el amor por primera vez. 


Catalina Yob / Upsocl

“Haz algo ahora, porque ahora es todo lo que tienes”.



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