Geekonomía: La igualdad de género no es un ideal que existe sólo en la ciencia ficción


Por Diego Castañeda

En 1969 y 1974 Ursula K Le Guin publicó dos de sus obras más importantes: La mano izquierda de la oscuridad (considerada la primera novela de ciencia ficción feminista) y Los desposeídos (una de mis historias favoritas de ciencia ficción). Ambos libros tratan sobre un par de sociedades humanoides en el mismo universo (Hanish Cycle), sus tramas giran en torno a la desigualdad. Una característica de ambas novelas es que la desigualdad de género no existe en ninguna de las historias, las sociedades que habitan estos mundos no distinguen entre hombres y mujeres en términos de estatus, ingresos, elecciones y modos de vida.

En La mano izquierda de la oscuridad, Le Guin imagina una sociedad cuya principal diferencia con la terrícola es que nunca ha existido la desigualdad de género. En esa sociedad, sus miembros experimentan ambos géneros todo el tiempo dependiendo de circunstancias biológicas y ambientales. Como resultado de esta diferencia, la sociedad del planeta Gethen no experimenta la violencia como otras sociedades lo hacen y la sexualidad no es un factor relevante en la organización social.

Fuente: ursulakleguin.com

En el caso de Los desposeídos, la trama gira en torno a la idea de la posesión (ser dueño de cosas, personas, ideas, etc.) en la que se proyectan dos sociedades: una que no posee (estrictamente anárquica, en el planeta Anarres) y otra en la que se posee (capitalista, en el planeta Urras) y el choque de culturas entre ellas. Una de las causas de choque entre ambas culturas es producto de que la sociedad que no posee es igualitaria y la que sí posee segrega a sus integrantes. Otra diferencia es que la idea de poseer o no está estrictamente vinculada con la igualdad de género en la primera y la desigualdad de género en la segunda.

El par de novelas de Le Guin tienen relevancia no sólo por ser grandes historias con una gran narrativa. Son relevantes hoy porque son una crítica a algo que está funcionando mal en nuestras sociedades. El combate a la desigualdad estructural (aquella determinada por el funcionamiento de la sociedad) como lo es el origen étnico o el género (entre otros) es un objetivo de la mayoría de las sociedades, sin embargo, es un objetivo en el que no se ha avanzado tanto como se desearía.

En México, la desigualdad de género se muestra de mucha formas. En este espacio, por tratarse de economía, vamos a explorar la idea del “techo de cristal” (que existe un techo invisible de ingresos al que no se puede traspasar, como un campo de fuerza) en el nivel de ingreso al que hombres y mujeres pueden aspirar por hacer trabajos iguales.

De acuerdo a los indicadores complementarios de CONEVAL, para los años 2010, 2012 y 2014 el índice de discriminación salarial para distintos tipos de ocupaciones muestra que la desigualdad de género es un problema serio en el país. Por ejemplo, entre funcionarios públicos, las mujeres ganan menos que los hombres, aunque desde 2010 la brecha se ha cerrado significativamente en 62 por ciento, de acuerdo al valor del índice. En otros rubros, como los profesionistas, la brecha entre el salario de hombres y mujeres se ha agrandado, creciendo 34 por ciento el valor del índice entre 2010 y 2014. Un caso todavía más escandaloso es el de los trabajadores de servicios personales en el que creció en 146 por ciento en el mismo periodo. A nivel nacional (agregando todas los tipos de ocupación), la brecha de acuerdo al índice de discriminación salarial apenas disminuyó en 23 por ciento en el periodo.

Además de las obvias implicaciones en términos de justicia, que trabajo igual debe ser pagado igual y que todos somos iguales, también es algo que tiene potenciales efectos adversos para la economía en su agregado. Existe evidencia alrededor del mundo que la menor participación de las mujeres en la fuerza laboral y su menor remuneración impactan de forma negativa en crecimiento económico.

De acuerdo a un estudio publicado por Goldman Sachs, enfocado en Japón, el efecto potencial de incorporar más mujeres a la fuerza laboral y que éstas sean mejor remuneradas podría llegar a ser hasta de 13 por ciento del PIB. Las estimaciones para el caso mexicano no existen, pero el efecto es en la misma dirección, dado que una mayor participación en la fuerza laboral significa un mayor número de empleos en la economía y un mayor salario, aunado a que los nuevos empleos implican un mayor potencial de consumo en la economía (el consumo hoy en día es el principal motor de crecimiento económico y explica alrededor del 75 por ciento de lo que crecemos).

Fuente: lne.es

No debemos perder de vista, tal como en las novelas de Le Guin, que la causa de la igualdad de género es de principios, es una cuestión ética; no obstante, también existen razones instrumentales para desear que avancemos en esa ruta y para impulsar las políticas públicas que puedan impulsar la participación de las mujeres en la fuerza laboral y con un ingreso que cierre la brecha del famoso techo de cristal.

Para citar a Shevek, el personaje principal de Los desposeídos, “no puedes aplastar una idea al suprimirla. Sólo puedes aplastar una idea al ignorarla. Al negarse a pensar, a cambiar. Y eso es lo que nuestra sociedad está haciendo”. Justo en el mundo “real” es lo que hemos hecho por mucho tiempo: ignorar un tema elemental de justicia que tiene, además, un potencial de bienestar para todos.

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Diego Castañeda es economista por la University of London.

Twitter: @diegocastaneda

IMAGEN: Agata Hop, UN Women



http://www.sopitas.com/729964-igualdad-genero-ciencia-ficcion/