Este lugar solía ser un monasterio. Ahora es un increíble hotel

El acceso hasta este lugar español, llamado Parador de Corias no es fácil. Debe realizarse por carreteras sinuosas y a través de bellos paisajes. Sin embargo, a pesar de lo costoso del viaje, hay que decir que merece la pena llegar hasta aquellos lares. Llegar y descansar en los verdes que lo rodean, en los bosques de Cangas del Narcea, la población en la que se encuentra la parroquia de Corias.

Y es que aquí los detalles imaginables: la decoración, el ambiente, la restauración y conservación del monasterio en el que se encuentra, el spa. El viajero ha correspondido acercándose hasta allí, sin importarle las curvas ni las posibles incomodidades del camino.

El enorme monasterio que lo acoge, apodado el Escorial asturiano, recibe al viajero con grandes espacios puestos a su disposición. Se trata de un importante edificio declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional y, hasta la conversión en Parador, pertenecía a la orden de los Dominicos. La comunidad de monjes, cada vez más menguada para tan enorme espacio, decidió venderlo a la cadena estatal, reservándose solamente una zona de residencia y la iglesia, que sólo por ella misma merecería una visita.

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Puerta de entrada al Parador de Corias, con vagonetas mineras en recuerdo a las minas de carbón de la zona.

El recorrido de todo el conjunto puede tener al viajero entretenido durante varias horas: en la planta baja se hallan restos arqueológicos de la primera iglesia construida, allá por el siglo XI; muy cerca el estupendo spa contrasta con sus modernas instalaciones bajo bóvedas de cañón. En una larga sala se ha habilitado una piscina, a la que pueden acceder los niños desde 7 años siempre bajo la supervisión de un adulto.

Las habitaciones se reparten a lo largo de corredores inmensos. Cada una de ellas está nombrada con el nombre de una población asturiana, la nuestra fue Ribadesella. Amplísima, con una fila de armarios en la entrada, y espacios decorados al modo escandinavo, limpios y sencillos, acordes al entorno monacal. Se abría al monte todo verde del otro lado de la carretera.

El baño, también de generoso espacio, con bañera y ducha, doble lavabo y con wc y bidé en espacio aparte. Toda la amplitud redunda en el confort del viajero que se encontrará, como nos pasó a nosotros, en un espacio cuidado hasta el más mínimo detalle.

El monasterio cuenta con dos claustros. En el primero se encuentra la cafetería; el segundo es espectacular y sólo se apreciará en su medida desde la planta superior, ya que el seto del jardín va formando distintos dibujos. En los laterales de este noble claustro hay salones para celebraciones y también para el descanso, como el llamado Muniellos.

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La magnífica biblioteca.

El otro espacio que sobresale entre todos es la antigua biblioteca monacal, quizás un poco escasa de libros en la actualidad. Los decoradores se han esmerado con este espacio dándole un tono turquesa a las paredes en contraste con el oscuro de la madera de los muebles.

Cuenta el Parador de Corias con una gastronomía a la altura del edificio y de sus instalaciones. El desayuno es estupendo; se sirve en una sala decorada con motivos alusivos a Asturias: salmones, el puente de Cangas de Onís, los hórreos, la sidra, etc. Los frisuelos y demás dulces tradicionales también están entre la oferta del desayuno, así como quesos de la zona y todo lo que se pueda desear.

El restaurante, en el antiguo refectorio, decorado ¡cómo no! con mimo y originalidad, cuenta con un acceso a modo de pajarera y motivos de ganchillo en las paredes. El servicio, algo lento, es amable y la cocina con toques asturianos es generosa en las raciones (como en toda Asturias) y rica en el sabor.

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Desde el puente de piedra de Corias, el inmenso edificio que acoge el Parador.

No puede el visitante pasar por alto la visita a la iglesia del monasterio, con su maravilloso Cristo románico, su retablo (tan parecido al de los Dominicos de Salamanca) y sus dos órganos. Todo esto da idea de la importancia que tuvo el monasterio en su época, quizás uno de los más ricos en tierras de todo el norte de España.

Rodeado de monte verde y a apenas 2 kilómetros de Cangas del Narcea, el Parador invita al visitante a recorrer el bello pueblo con sus calles adoquinadas y casonas, con su puente colgante y su iglesia de Santa María Magdalena. La Virgen del Acebo en lo alto, la reserva de Muniellos y los paseos por valles estrechos llenos de vegetación son otro aliciente para los viajeros activos que se acerquen hasta allí.

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Unas simbólicas albarcas tradicionales se encuentran a la puerta de cada habitación.

El remanso de paz que es el monasterio recibe con todos sus encantos al viajero que hasta allí llega para disfrutar de un lugar recóndito que merece la pena por cada una de sus piedras.
El Monasterio de San Juan Bautista de Corias ha renacido como hotel de la mano del arquitecto Peridis. Un proyecto nacido en 2006 e inaugurado en 2013: recuperación del patrimonio a través de una intervención respetuosa con los espacios originales y con todas las comodidades. Estos esfuerzos se han recompensado con el premio al Mejor Hotel fuera de la ciudad en España, de la revista Condè Nast Traveler.

Lo mejor del Parador de Corias: todo él es excepcional.
Lo peor del Parador de Corias: las curvas de la carretera de acceso, superables con el ánimo de llegar.

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