Este español ha reunido la mayor colección de robots de Europa


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Cajas de pizza, carteles de ‘no molestar’, esculturas de dinosaurios o envases de caramelos Pez. Estos son algunos de los peculiares objetos que se han convertido en piezas de coleccionista en los últimos tiempos. Sin embargo, Pablo Medrano decidió atesorar otro tipo de artilugios que no solo fueran singulares, sino con los que además pudiera interactuar. Así que decidió reunir todos los robots sociales que encontrara en el planeta.

“La robótica industrial no me interesaba, yo buscaba ese punto de inteligencia artificial que veía en las pelis pero no veía en la práctica. Eso lo encontré en Sony, me apasionó” nos explica Pablo Medrano. Durante la pasada década, el gigante tecnológico japonés desarrolló algunos robots con apariencia animal, como chuchos, que Medrano comenzó a adquirir por pura afición.

Esos no fueron los únicos autómatas vetustos que adquirió este ingeniero de sonido apasionado por las máquinas empáticas. Asimo, el astronauta robótico de Honda, Ifbot, un autómata social de ojos tristones y más de una década de vida, o dos Fujitsu HOA-3, un modelo de humanoide del que se fabricaron menos de 100 unidades y que costaba más de 90.000 dólares (81.000 euros), son algunos de sus favoritos.

A la izquierda, el japonés Fujitsu HOAP-3 de 2005. A la derecha, el  Androbot Topo II estadounidense de 1983.

A la izquierda, el nipón Fujitsu HOAP-3 de 2005.  A la derecha, el  Androbot Topo II estadounidense de 1983.

Los robots de la ficción también le siguen interesando. Por eso se llevó a la Globot Robot Expo celebrada recientemente en Madrid una réplica de Terminator o una aniñada autómata de Hello Kitty que la compañía japonesa NEC fabricó en 2004 y que es capaz de emitir miles de frases diferentes. Máquinas japonesas, estadounidenses o francesas forman parte de su colección de robots de entretenimiento.

Ahora bien, Medrano no solo se dedica a comprar humanoides. También ha extraído sus vísceras para “conocer a través de ellos”. Cada unidad “ha sido desmontada y analizada para ver sus pros y sus contras, y ello me ha llevado a llevar a ser el mayor experto en este tipo de robótica del país”, afirma rotundamente.

Hace dos años, unió su impresionante colección a la de Daniel Bayón, CEO de Juguetrónica, para que todo el mundo pudiera contemplarla en el Museo del Robot de Madrid, en el que se exponen 150 entrañables autómatas.

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La galería posee la segunda mayor colección de chuchos robóticos Sony Aibo del mundo gracias a su medio centenar de unidades, además de dar cobijo a un Astroman de 1958, a  Emros, un microrrobot del tamaño de la falange de un dedo con ojos y bigotes, o al dúo robótico más famoso del celuloide, C-3PO y R2-D2. 

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Además, en estas instalaciones se imparten talleres de programación y se celebran otras actividades de robótica. Hace unos meses, incluso se celebró una mesa redonda sobre ‘Autómata’, la película protagonizada por Antonio Banderas sobre un futuro distópico que contó con el asesoramiento de una investigadora de robótica de la Universidad Carlos III de Madrid.

Sin embargo, a Medrano este museo se le ha quedado pequeño. Unos 400 autómatas componen actualmente su colección, lo que hace que él mismo asegure que se trata de la más grande de Europa. Cada año, entre 50 y 60 robots se mudan a este refugio de androides. De hecho, dedica dos horas al día a la búsqueda de antiguas máquinas, sin contar con el tiempo que tarda en localizar los contactos necesarios para conseguirlas y organizar su traslado a España.

Por ello, planea crear a lo largo de este año un centro más amplio que se convierta en “la cuna de la robótica en Europa”.” Te puedo adelantar que será en Madrid y no va a ser un museo escaparate, va a ser un espacio vivo donde la gente no solo aprenda sino que se ilusione para dar nuevas oportunidades a nuevos talentos”, desvela Medrano.

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Tras trabajar como desarrollador para Aldebaran Robotics, la compañía francesa creadora de NAO, un humanoide de 58 centímetros que juega al fútbol, baila y contribuye a mejorar la comunicación social de los niños con autismo, Medrano ha fundado incluso su propia empresa de robótica, Casual Robots.

Esta compañía ha programado a NAO, al autómata con femeninas curvas Pepper que se agotó en un minuto tras salir a la venta en Japón, o al expresivo REETI, un busto robótico con una personalidad bromista, para que desplieguen su amabilidad en eventos corporativos.

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“Desde los años 70, ya se pensaba que los robots iban a estar en el hogar. Para mí siempre ha habido unas trabas, como el precio o las limitaciones de la propia tecnológica. Ahora mismo casi todas esas trabas están superadas“, asegura Medrano. Este fanático de la robótica de compañía es mucho más que un coleccionista. Se ha convertido en un auténtico arqueólogo de los autómatas y en un firme convencido de que todos tendremos a una encantadora máquina con ojos en nuestro hogar.

Eso sí, los precios de la mayoría de robots son prohibitivos para el ciudadano común actualmente: el parlanchín REETI cuesta más de 3.900 euros. Así que todo apunta a que aún tendremos que esperar unos cuantos años para convivir con una habladora máquina que pasee por nuestra casa.  Eso sí, Pablo Medrano la habrá comprado antes que nosotros y nos la enseñará en su museo.


Con información de Computer Hoy, ABC y The Robot Museum. Las fotografías son propiedad de The Robot Museum y Cristina Sánchez (1, 2 y 7).

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