Con piña o sin piña: la historia de la Pizza Hawaiana


La pizza siempre ha sido uno de los alimentos más deliciosos que han existido en este planeta y eso nadie lo puede negar. Su grandeza ha evolucionado al mismo ritmo en que los tiempos cambian, trayendo así diversas recetas que en la mayoría de las ocasiones, terminan maravillando el paladar de muchos amantes del buen comer.

Últimamente internet ha estado subiéndose a un tren demasiado complicado donde: por un lado están aquellos que están tomándose fotos o videos en donde sumergen sus rebanadas en vasos con leche; y por el otro, tenemos aquellos que están armando debates en línea acerca de si su pizza debería de llevar piña o no.

Como sea… tal vez no podamos dar con la razón por la cual la gente en las redes sociales quiera estar haciendo una mezcla entre dicho manjar y la leche (la verdad es que no entendemos lo que quiere internet). Pero sí podemos contarles la historia del origen de aquella idea que culminó en lo que ahora conocemos como la popular Pizza Hawaiana, y así tratar de entender por qué a los internautas les importa tanto el asunto del cítrico como acompañante.

Ya saben, un dato curioso para amenizar la cosa y no estar hablando sólo de memes todo el tiempo.

Origen de la Pizza Hawaiana

Para iniciar con este breve relato, tenemos que hacer un viaje hasta el suroeste de Ontario, Canadá, donde un sujeto llamado Sam Panopoulos y su hermano, simplemente decidieron echar unos cuantos pedazos de piña en conserva en una de sus recetas. En ese momento los dos hombres no sabían que estaban creando una variación que se haría sumamente popular, divisiva y debatible en el mundo; pero hay que ir por partes.

Los Panopoulos llegaron a Canadá en 1954 y abrieron un restaurante llamado Satélite, donde además de preparar sus pizzas, también servían platillos chinos, desayunos tradicionales, hamburguesas y papas fritas.

En esos tiempos no había mucha variedad para preparar una pizza, por el simple hecho de que esta apenas comenzaba a abrirse paso en los restaurantes al norte de la frontera con Estados Unidos. Todo aquel que conociera su sabor sólo estaba acostumbrado al pepperoni, el tocino u otros ingredientes más comunes, y por eso la tendencia “tiki” con sus cocteles y sabores exóticos, cayó de una manera sorpresiva y bastante agradable para el público.

Pizza de pepperoni

“La gente no se aventuraba a probar diferentes sabores y comidas”, le dijo Panopoulos, de 83 años a BBC. “Lo único que uno podía encontrar que fuera agridulce eran algunos platos chinos. Todo lo demás era normal.”

Así fue como tiraron una moneda al aire y probaron con un complemento diferente, obteniendo un resultado sumamente positivo. Después de unos años de mucho éxito, el hombre responsable de todo decidió retirarse y vender su restaurante por ahí 1980. Actualmente lleva mucho tiempo sin preparar una sola pizza.

El escándalo de la piña

Una vez explicado el origen de la poderosa Pizza Hawaiana, es hora de pasar a otra cuestión: el debate que tiene internet acerca del cítrico que está volviendo locos a todos sin razón aparente, también conocido como “Pizzagate”.

Pasa que a Guini Thorlacius Jóhannesson, el presidente de Islandia, no le late la piña en su pizza, por lo que maduramente fue a una escuela secundaria y le dijo a un grupo de jóvenes que si él pudiera, prohibiría que se usara esta fruta como acompañamiento.

Las palabras del islandés fueron tan sólo el primer disparo que abriría paso a una guerra virtual alimentada por la ira de todos los usuarios de internet. Por todas partes se podía ver a la gente discutiendo y protestando a favor o en contra de la piña en la pizza, obviamente desahogando toda su frustración sin llegar a ningún lado.

Jóhannesson vio todo el horror que había propiciado por haber abierto la boca y decidió recurrir a Facebook para dar una postura más “neutral” sobre ese tema. Su publicación decía lo siguiente:

“Me gustan las piñas, pero no en la pizza. No tengo el poder de hacer leyes que le prohiban a la gente poner piña en su pizza y no quiero tenerlo. Los presidentes no deben tener poder ilimitado.

No me gustaría ser presidente si eso me permitiera aprobar leyes que prohíben lo que no me gusta. Yo no quiero vivir en un país así. Para las pizzas recomiendo mariscos.”

Vaya manera de intentar salir de un aprieto, ¿no?

Cuando el mismo señor Panopoulos se enteró de esto, ya andaba tirando de loco a aquel gobernante:

“El tipo está loco. Como no tiene una gran cantidad de piñas allá, sino una gran cantidad de peces, dice que le pongamos pescado.”

¿Ustedes qué opinan? ¿Realmente debería haber tanto alboroto por algo que es cuestión de gustos? Nosotros creemos que, mientras puedan experimentar la dicha de comer pizza, realmente no importa lo que le quieran poner. Por otro lado, no pueden negar que ambas son historias bastante interesantes.



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