Con peras y manzanas: el muro de Trump


Mucho se habla del muro fronterizo con Estados Unidos. La gran promesa de campaña de Donald Trump (“Build that wall!”) sigue en pie, y aunque la discusión gira y girará durante mucho tiempo sobre quién va a pagar su construcción, es importante tomar en cuenta otra cuestión práctica: ¿Cómo se va a construir?

Meme Muro Caguamas

El muro original

Todos en México sabemos que el muro fronterizo no es nada nuevo. Su construcción se inició a principios de la década de los 90, cuando Bill Clinton era presidente de Estados Unidos. El muro original en realidad fue una serie de barreras alrededor de los dos cruces fronterizos más importantes de ese entonces: San Ysidro/San Diego y El Paso en Texas. Ambos grupos de estructuras se crearon con base en la Operation Gatekeeper (algo así como “Operación barrera de entrada”) y empezaron a aparecer en octubre de 1994. Después hubo unos pedazos nuevos de muro en Arizona, pero aun así, gran parte de la frontera entre México y Estados Unidos no tenía barreras físicas. El resto del territorio se controlaba con agentes fronterizos, sensores de movimiento y, en tiempos más recientes, con drones.

Cuando Clinton dio la orden de construir el muro, lo hizo por dos motivos: el primero fue por el aumento de tráfico de drogas por rutas terrestres. Por esas épocas, en las que los cárteles colombianos transportaban droga por vía aérea y marítima a Estados Unidos, la importación de cocaína colombiana era tal que el gobierno estadounidense aumentó de manera importante el presupuesto para la Guardia Costera y para la DEA (Drug Enforcement Administration, Administración para el control de drogas, en español) con la idea de contrarrestar el tráfico.

Entonces los cárteles buscaron otro camino. A finales de los 80 e inicios de los 90 comenzaron a asociarse con los narcotraficantes mexicanos, quienes se dedicaban casi de manera exclusiva a traficar mariguana. Pero con la alianza con los cárteles colombianos, se diversificaron y empezaron a dedicarse al transporte de la cocaína. El cierre de los cruces por aire y agua hizo que su infraestructura se volviera muy valiosa de la noche a la mañana. Ahí comenzaron a hacerse ricos. Es por ello, en gran parte, que se levantan los muros fronterizos en 1994.

México

El segundo motivo fue el aumento de desempleo en México: junto con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio, que le pegó duro a los agricultores mexicanos, vino la crisis financiera conocida como “El error de diciembre” (acá hay una muy buena crónica de cómo sucedió). La falta de empleo y las pésimas condiciones económicas hicieron que comenzara una de las oleadas de migración más grandes de la historia moderna. Estados Unidos no estaba listo, ni quería lidiar con la llegada de lo que resultaron ser millones de indocumentados.

Aun así, el muro –que en varios tramos es más bien una reja– no abarcaba casi nada de los 3180 kilómetros de frontera entre ambos países. No fue hasta después del 11 de septiembre de 2001, con los ataques terroristas a Estados Unidos, que el gobierno pidió aumentar la seguridad en la zona. Con George W. Bush el muro incrementó drásticamente en tamaño, hasta que en 2006, cuando el congreso estadounidense pasó el Secure Fence Act (algo así como “Ley de reja segura”), se dio permiso de construir más de 1,000 kilómetros de barrera, que cubriría poco menos de una tercera parte del territorio. Para 2009, último año de construcción, había enrejado y muros a lo largo de 985 kilómetros.

El muro que se propone

De 2009 para acá ha pasado mucho tiempo, y los patrones migratorios han cambiado de manera drástica. Según las cifras más recientes, hay más indocumentados que salen de Estados Unidos para regresar a sus países, que indocumentados que viajan para quedarse allá. Es decir, la migración neta es negativa. ¿En qué se traduce esto? En que el muro fronterizo no es realmente necesario, por un lado, y, por otro, tampoco ha servido de mucho. Otro dato importante: de los casi 11 millones de indocumentados en Estados Unidos, cinco millones no llegaron por la frontera.

Lo hicieron a través de visas legales que después expiraron, y cuando sucedió esto, nunca regresaron a su país.

Esta foto tomada en Octubre del 215, muestra el cruce fronterizo entre México y Estados Unidos en el Estado de Sonora. Foto: Getty

No obstante, el muro de Trump va camino a construirse. Aunque no ha dado datos específicos de cómo lo hará, el proceso ha comenzado. La próxima semana, por ejemplo, inician las licitaciones para que compañías estadounidenses presenten presupuestos de construcción. Según medios locales de Arizona, los trabajos de construcción iniciarán en las zonas cercanas a la ciudad de Tucson, donde ya existe el muro pero no se le ha dado mantenimiento. Es decir, primero se reparará la infraestructura ya existente y después se seguirá la construcción del resto.

Sólo que hay un pequeño problema de por medio: los expertos dicen que construir un muro completo es imposible.

¿Por qué? Por el terreno entre ambos países. En primera, por lo más obvio: hay dos ríos a la mitad de gran parte del cruce. En segunda, porque gran parte de la frontera es montañosa. En tercera, porque nadie ha cruzado ni cruzará por ahí. En cuarta, porque sería increíblemente caro. En quinta… así nos podemos seguir. Veamos unos datos:

  1. Un muro completo se tardaría por lo menos 16 años sin suponer retrasos de construcción.
  2. El presupuesto cambiaría muchísimo dependiendo del tamaño del muro. En algunas ocasiones Trump ha dicho que quiere que mida 25 pies (siete metros y medio). En otras que lo quiere de 55 (16.7 metros). El material, en caso de que se construyera del segundo tamaño, costaría más del doble.
  3. El estimado del costo total, según analistas, sería entre 25 y 30 mil millones de dólares.
  4. ¿Cómo se pagaría? He aquí la duda que más preocupa del lado mexicano. Aunque el gobierno diga que no pondrá un solo peso para su construcción, Trump tiene maneras de que acabemos pagándolo aunque no queramos. O, todavía peor, es capaz de dinamitar la economía transfronteriza con tal de conseguir lo que quiere.
    Una manera de que México pagara podría ser a través de impuestos a las remesas que envían los mexicanos desde Estados Unidos, que ni de cerca cubriría el costo del muro. La idea es que cada vez que se haga una transferencia o giro, la persona –mexicana, estadounidense, centroamericana– pagara una cantidad extra de dinero para poder enviarlo. Esto lo que haría es que se creara un mercado negro de remesas, lo cual podría acabar tronando el negocio original. Esta idea se ha flotado en varias ocasiones, pero no se ha propuesto de manera concreta.
    Otra sería a través de la cancelación de programas de asistencia de Estados Unidos a México –que técnicamente implica que México no pagaría, sólo dejaría de recibir dinero estadounidense. Esto ya está en papel: el gobierno estadounidense presentará el próximo mes un documento con toda la asistencia que recibe México de Estados Unidos. Al igual que en el caso anterior, tampoco cubriría todo el costo.
    Por último está la propuesta de aranceles a la importación de productos mexicanos. Una vez más, no sería México quien pagaría. Serían los estadounidenses, ya que los productos que comprarían serían más caros.
    Lo más probable, entonces, sería una mezcla de estas tres propuestas. Y ni así alcanzaría para construir el muro.
    Según expertos en el tema, lo más probable es que el plan del muro se abandone a la larga, aunque no por completo. Según la opinión generalizada, el gobierno de Estados Unidos se daría por bien servido si logra completar la mitad del proyecto.

Sea cual sea el caso, el proyecto de Trump avanza. No se sabe cuánto costará, quién pagará, cómo será, ni cuánto tardará.

Pero la necedad del presidente de Estados Unidos, como sabemos, no conoce límites.

Esteban Illades
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